jueves, 25 de marzo de 2010

Palabras, palabras...




En El Paciente Inglés, la maravillosa novela de Michael Ondaatje, el narrador nos cuenta que en el sur de Marruecos hay un viento en forma de torbellino denominado aajej; otro es el áfrico, y otros más son el otoñal alm que proviene de Yugoslavia,y el arifi. Estos vientos son permanentes, en tanto que hay otros que aparecen en forma irregular como el bist roz, que azota Afganistán durante ciento setenta días y entierra aldeas enteras. El ghibli, procedente de Túnez, da vueltas y vueltas y afecta el sistema nervioso. El haboob, una tormenta de polvo que procede del Sudán y es seguida de lluvia. El harmattan recorre el Sáhara con polvo rojo como el fuego. Sus brumas de arena roja llegaban hasta Cornualles y Devon y producían lluvias de lodo rojo como la sangre, luego se pierde en el océano Atlántico. Imbat es una brisa marina. El jamsin sopla en Egipto de marzo a mayo durante cincuenta días como lo indica su nombre en árabe. El datoo procede de Gibraltar y va acompañado de fragancias. El nafhat es una ráfaga procedente de Arabia. El mezzar-ifoullousen, violento y frío viene del Sudoeste; su nombre significa el que despluma las aves del corral. El beshabar-viento negro- es sombrío y seco y nace en el Cáucaso. El samiel - veneno y viento- sopla desde Turquía y es tan peligroso como lo son el simoom- que según Heródoto fue causante de la desaparición de numerosos ejércitos en el norte de Africa- y el solano que causa desmayos.
Heródoto explica que hay un viento sin nombre, el viento secreto del desierto. Un rey, cuyo hijo murió arrastrado por él, decidió suprimir su nombre.
En ese breve fragmento de la novela, aparece una reflexión fundamental acerca del lenguaje. La realidad que nos rodea nos lleva a crear palabras para designarla; pero a su vez, el nombrar da existencia y el negarle un nombre condena a la inexistencia.
Recuerdo que en Ultimas imágenes del naufragio de Subiela, uno de los personajes había hecho un listado de palabras en la pared del cuarto, que iba tachando a medida que dejaba de usarlas. Olvidar las palabras conocidas, no incorporar otras nuevas, va reduciendo nuestra realidad, y la posibilidad de vivirla.

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