miércoles, 22 de febrero de 2012

NIDOS DE PAPEL


Cuando el bebé está dentro de la panza de la mamá, ya es objeto de la palabra.¿Qué mamá no le ha hablado a ese niñito que está en su interior? Y apenas nace “lee” todos sus mensajes, rápida a responder a sus mínimas necesidades: “¿Por qué llorás? ¿Tenés hambre? Y lo alimenta. “¿Por qué llorás? ¿Estás sucio?” Y le cambia el pañal. La mamá interpreta cada llanto, distingue los matices y le contesta con palabras y gestos.

¡Y qué decir cuando el chiquito empieza a pronunciar palabras y genera toda una serie de movimientos a su alrededor! Por supuesto que él se da cuenta del valor de su palabra. Dice papa, y le dan de comer; dice caca y lo lavan. ¡Ah, qué bueno esto de hablar!


Es el tiempo de los sonidos que saltan, se repiten y bailan: “Saco una manito y la hago bailar, la cierro y la abro y la vuelvo a entrar” y el chiquilín participa de la magia haciendo bailotear sus manos. O “por una escalera un ratón subió, se comió un quesito y después bajó”, mientras nuestra mano recorre su bracito y nuestro compañero de andanzas espera con zozobra las cosquillas de ese ratoncito que está siempre contento.


Desde muy temprano podemos sentar al bebé con nosotros y ayudarlo a descubrir el mundo de los libros. Serán los primeros libros de imágenes que cuentan historias o que le muestran objetos de su mundo: juguetes, ropa, animales… Ël irá incorporando el conocimiento de que los libros tienen páginas, que los dibujos representan la realidad pero no son la realidad, que los rulitos negros como caminitos de hormigas forman palabras, que las historias se organizan de izquierda a derecha en nuestra cultura, y que pasando las páginas, se viven momentos de placer. Este tiempo en las rodillas de mamá y papá enseñan al pequeño un mundo simbólico: el mundo de los libros, y la voz cariñosa construirá para él infinitos mundos maravillosos.


Es bueno ofrecer a los chiquitos libros de madera, de tela o de cartón duro. Ellos los chuparán, los golpearán, los mojarán…Algunos tienen un botón que al presionarlo emite un sonido, otros tienen una textura que al acariciarla permite percibir distintas sensaciones, otros lengüetas que si se las tira provocan el movimiento de algún personaje. En esta primera etapa, los libros son un juguete más, y es tarea de los “grandes” ayudarlos a comprender que el libro es un objeto excepcional cuyo contacto permite sumergirnos en un mundo de afecto, de ternura y de comunicación.


“Había una vez…”será la señal para entrar en una historia maravillosa siempre nueva, siempre diferente aunque implique el misterioso rito de la repetición.

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